A gran altitud, el tiro cambia y la combustión exige paciencia. Una chimenea limpia, un control de aire cuidadoso y leña realmente seca logran llama azul y brasas duraderas. Añade ladrillos refractarios para masa térmica y cocina sopas mientras calientas, cerrando el ciclo de energía con sencillez, ritmo y olor a resina.
La mejor energía es la que no pierdes. Lana, celulosa o corcho reducen fugas, mientras burletes y masillas silencian grietas invisibles. Diseña un vestíbulo como amortiguador de tormentas y mantas gruesas nocturnas sobre ventanas. Pequeñas costuras cuidadas valen horas de leña ahorrada y mañanas menos rudas para manos entumecidas.
Incluso en invierno, una pared Trombe sencilla, cortinas térmicas bien programadas y un banco de adobe junto a la estufa acumulan calor. Orienta cristales hacia el amanecer, protege del alud y usa aleros para gestionar brillo. El resultado es un cobijo templado que conversa con el cielo y respira contigo.