





Pedir agua caliente para una infusión abre conversaciones. Un guarda cuenta cómo llegó la primera estufa; otra montañera comparte un desvío secreto hacia un lago. Al anotar nombres y recetas, el viaje gana memoria sabrosa que no cabe en galerías digitales.
Pedir agua caliente para una infusión abre conversaciones. Un guarda cuenta cómo llegó la primera estufa; otra montañera comparte un desvío secreto hacia un lago. Al anotar nombres y recetas, el viaje gana memoria sabrosa que no cabe en galerías digitales.
Pedir agua caliente para una infusión abre conversaciones. Un guarda cuenta cómo llegó la primera estufa; otra montañera comparte un desvío secreto hacia un lago. Al anotar nombres y recetas, el viaje gana memoria sabrosa que no cabe en galerías digitales.
Día uno, Bernina hacia Pontresina; paseo de lagos y noche en refugio. Día dos, valle del Fex hasta Sils Maria, leyendo a Mann en la plaza. Regreso pausado por Maloja, apuntes en libreta, tren de vuelta con mirada cansada y corazón liviano.
Estación de Langen am Arlberg, subida al Valluga por senderos señalizados, bajada a Stuben para strudel. Segundo día, tramo ferroviario corto y bosque húmedo hacia Lech. Tercero, cresta fácil al amanecer, conversación con pastores, queso fresco, retorno tranquilo mientras las nubes juegan.
Llegada a Kandersteg, paseo hacia el Oeschinensee, descenso con luz suave. Tramo de tren por el túnel, salida en Goppenstein y caminata en balcones sobre viñedos. Noche en albergue sencillo, cena temprana, libreta llena, sueño profundo sin datos, solo estrellas detrás de persianas.